SOY una bocazas.

Supongo que en algunas cosas lo seguiré siendo porque hablar sigo hablando pero, es verdad, que desde que soy madre y me he dado cuenta de lo bocazas que fui, ya voy con mucho mas tiento.

 

 

No sé si a ti te habrá pasado eso de: “Cuando yo se madre siempre voy….” o una muy típica de “Yo no voy a ser de esas madres que…”

Lo reconozco. A mi me ha pasado.

¿Quieres saber las 5 cosas en las que he sido una BOCAZAS en mayúscula?

¡Sigue leyendo!

1. “Nunca practicaré el cohecho” Vale… en fin… siguen en mi cama. Los dos. Por decisión mía y de ellos. Y somos felices y dormirnos muy agusto, con alguna patada en los riñones y algún que otro susto por que los dos hablan en sueños, pero ahí seguimos colechando como si no hubiera un mañana y más felices que nada. Amaia 0 – Bocazas 1.

 

2. “Los niños son para los padres. No les voy a dejar con los abuelos para salir de fiesta” No digo que salga todos los fines de semana, no lo hago por que no puedo con mi alma, no por que en el fondo de mi alma no me apetezca salir más. Pero, lo reconozco, los he dejado con los abuelos por el simple hecho de irme de cena o al cine (las películas de Star Wars hay que verlas en pantalla grande, eso es así). Así que aunque los quiero con locura, de vez en cuando con los abuelos están de maravilla. Amaia 0 – Bocazas 2.

 

3. “Cuando sea madre, en casa siempre habrá música y buen rollo” Con esta es que pegaría a mi yo del pasado. No es que mi casa sea triste o un infierno, simplemente es la casa de una madre y dos niños pequeños. En la que a veces hay risas y otras no. En las que a veces hay musica y otras no me da tiempo ni a ducharme. Suele haber bastante buen rollo, pero vamos, que no es continuamente la casa de la pradera… Amaia 0 – Bocazas 3

 

4.  “Yo seguiré siendo yo misma, aunque sea madre” A ver… no se me han puesto los ojos marrones ni se me ha rizado el pelo, pero no soy la misma que con 22 años se fue a estudiar a Salamanca. No soy mejor ni peor, soy diferente… Ser madre te cambia, te revoluciona, se te mete por dentro y eso sí o sí te cambia… Mis prioridades cambian, mis necesidades cambian, mis afectos han cambiado… Y eso es lo que es. Eres madre. Punto. Has cambiado.

 

 5. Por último,  la frase con la que he sido MÁS bocazas: “No pienso ser como mi madre” ¿No os ha pasado que hay un día que dices una frase de tu madre y ahí te das cuenta de muchas cosas? En mi caso fue con la rase “Ponte las zapatillas”. Creo que mi madre me la pudo decir así como que un millón veces, vez arriba, vez abajo… Me sacaba de quicio. De verdad. Recuerdo hasta el tono. Bien, pues el día que yo se la dije a Piojo, primero creí morir, luego me entró la risa y llamé a mi madre. Ella se rió mucho más. Karma creo que lo llaman.

Y ahora venga…  confiesa… ¿En qué momento de tu vida maternal “donde dije digo digo Diego…”?

Yo creo que nos ha pasado a todas y todos. Las expectativas cuando no somos padres son diferentes y luego… ¡zas! viene tu hijo con 3 kgs y 50 cms para revolucionarte la vida… 

Un abrazo,

Amaia, Psicopedagoga Infantil

 

 

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