La muerte es un tema que nos preocupa a todos los padres tratar con nuestros hijos.

Además, hay una época, en la que están especialmente pendientes de ese tema. Suele ser alrededor de los 4 años (alrededor ¿vale? en Educación los absolutos no valen) y es una etapa de preguntas, de necesitar saber, incluso de miedos nocturnos

Los padres, muchas veces nos enfrentamos a estas situaciones sin saber qué hacer…

En mi caso, a la vuelta de vacaciones, nos dijeron que Pepo, nuestro conejo, había muerto. Por suerte, los niños no lo vieron (creo que hay edades en las que no hay necesidad de ver muertos) ya que lo estaban cuidando los abuelos.

Cuando me enteré no tenía muy claro que hacer; por un lado, no quería hacerles sufrir y la idea de decirles que se había escapado me rondó la cabeza, pero por otro no quería mentirles y que estuvieran persiguiendo una quimera: no, Pepo no estaba vivo y por mucho que lo buscaran no lo iban a encontrar.

Así, que al final, busqué el que creí que era el mejor momento y se lo dije. Hubo lloros, pena, tristeza, incluso algún grito desgarrador y yo no hice más que estar allí, sentada, a su lado y dispuesta a abrazar si lo necesitaban (que lo necesitaron ,¡claro!). Me hicieron preguntas a las que contesté y al final decidimos que íbamos a hacer una pequeña ceremonia para decir adiós a Pepo. Me pareció la mejor idea que pudieron tener.

Decir “adiós” en estos casos es fundamental. Despedirse. Cerrar el círculo. Cuando tenemos un espacio y un tiempo para despedirnos de aquello a lo que queremos el dolor sigue presente, no desaparece pero le damos una vía de escape para que poco a poco se vaya.

A medida que el dolor fue remitiendo los niños empezaron a hablar de Pepo y a contar sus historias con él: “Y te acuerdas cuando hizo…”, “Y que divertido fue el día que…” Estuvimos un buen rato hablando y recordando a Pepo y al final estaban más tranquilos. La última frase de Bollito fue: “Seguro que le han salido alas y ahora es un ángel.” Se quedó satisfecho y contento con esa imagen y para mí eso es suficiente.

La muerte no es un tema fácil que tratar con los niños. Uno nunca sabe qué decir, cuando decidírselo o si utilizará las palabras adecuadas. Creo que para eso (y para nada)no hay una receta mágica. Así que si me permites el consejo profesional te diré que hagas como siempre digo: acompaña, contesta preguntas y abraza todo  lo que puedas.

Abraza mucho, con fuerza y siempre que puedas

No se si tendremos otra mascota, pero lo que sí sé es que como Pepo no habrá ninguna… ¡ah! y si hay otra espero que suelte menos pelo…

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Un abrazo,

Amaia