Hace unos días una gran amiga escribió en Facebook algo sobre mí; era algo completamente maravilloso, bonito y halagador y cuando lo leí, no supe qué hacer.¡De verdad! No tenía ni idea de qué debía hacer con ello.

Así que me pregunté: ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo aceptar halagos tan bonitos como ese?

La respuesta, después de mucho pensar, fue que no nos preparan en la vida para las cosas buenas.

Cuando estamos criando y educando a nuestros hijos les ayudamos a superar sus miedos, sus temores. Nos fijamos en aquello que queremos que hagan de manera adecuada, que queremos que modifiquen o que nos gustaría que fuera de otra manera… pero no les enseñamos qué pueden hacer cuando les ocurren cosas buenas.

En este aspecto el lenguaje tiene mucha importancia. Muchas veces decimos “qué suerte que ocurra algo bueno”, y no es suerte; si nuestros hijos son buenos en algo, lo son y punto. Demuéstrale que valoras lo que ha hecho, que ha sido un gran trabajo o un gran esfuerzo y le estás enseñando por un lado que valoras lo que hace y que es lícito ser bueno en algo. 

El problema de no valorar lo bueno que somos en algo es que normalmente no nos dejan serlo y cuando lo eres no puedes demostrarlo para no “herir sensibilidades” o por el “qué dirán”.

Todos somos buenos en algo. Mis hijos, tus hijos, incluso tu mism@ eres muy bueno en algo. ¿Se te ocurre en qué? ¡Piénsalo!

Y si se me da bien dar talleres y conectar con las familias ¿lo tengo que esconder?

Las virtudes las solemos esconder y hablamos más de nuestros “fallos” o de lo “malo que tenemos” que de las cosas en las que somos buenos. Es una pena, por que eso es lo que les transmitimos a nuestros hijos: que es “mejor” hablar de lo malo que de lo bueno.

Y al final, no disfrutamos ni nosotros, ni ellos, ni nadie cuando nos dicen lo bueno que somos en algo y, sinceramente, creo que es una pena. No por que necesitemos que nos digan continuamente nuestras proezas, pero al vivir en sociedad estas cosas suceden: de repente, alguien te dice lo bueno que eres en tu trabajo y no sabes que hacer con esas palabras.

A veces, un simple GRACIAS es suficiente, otras, una gran sonrisa… Hay muchas formas de actuar pero no estamos acostumbrados y me entristece que nuestros hijos crezcan en esa situación. Piojo es un fuera de serie en los deportes, su control físico y su desarrollo motor son extraordinarios; Bollito, por el contrario, tiene un oído excepcional para la música y los instrumentos… Quiero que ellos lo sepan y que nose tengan que esconder ni avergonzar cuando alguien selo diga…

Pedagógicamente el halago es positivo, simplemente es que no sabemos qué hacer cuando nos halagan de corazón y sinceramente.

Eso se puede cambiar. Es muy fácil;  si alguien hace algo bien, que te gusta, díselo. Así, claramente.

Por que criticar ya criticamos mucho (las Redes Sociales están llenas de criticas muy poco constructivas) pero alabar, lo hacemos muy poco. ¡¡Cambiemos la dinámica!! ¿Te parece?

Un abrazo,

Amaia, Psicopedagoga Infantil

 

 

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