Piojo tiene 7 años y 5 meses. No se le ha caído ningún diente; bueno, miento, le tuvieron que arrancar uno porque le había salido ya el diente definitivo por detrás. Pero los demás, nada de nada. Las paletas las tiene ya hacia fuera y hace semanas que se le mueven pero nada más.

 

Estareis pensando: “Cada niño tiene su ritmo” “Eso es normal, a mi sobrino se le cayeron a los…” “Mientras todo esté bien…”

Y tenéis razón, pero vosotros sois adultos y pensáis como tal. Pero Piojo tiene 7 años. Y no se le ha caído ningún diente, Y a todos, insisto, todos sus amigos se les han caído por lo menos tres o cuatro.

Y eso con 7 años no mola. No mola nada. Le da igual lo del ritmo de los niños. Le da igual que a tu sobrino se le cayeran a los 9. Le da igual que todo está bien.

Se siente diferente. Se siente aislado. Y no le gusta.

Es exactamente igual cuando somos adolescentes y unos pegan el estirón a los 14 y otros a los16 (esos dos años son muy, muy j…) o cuando tus amigas tienen el pecho desarrollado y tu no. Pues no mola. No mola nada de nada.

Ahora con 7 años los sentimientos de ser “diferente” no son tan intensos como en la adolescencia, claro está; pero esos sentimientos están ahí. Y no puedo, ni quiero, obviarlos.

¿Y qué hago? Hablar, hablar y hablar con él cuando quiere hablar; estar callada y a su lado cuando no quiere hablar; explicarle lo que ocurre y por qué le ocurre. No puedo eliminar esos sentimientos, porque no tengo por qué hacerlo pero lo que sí puedo hacer es enseñarle a vivir con ellos y por a poco a sentirse mejor. Valido sus sentimientos, valido sus emociones, les pongo nombre y aprendemos juntos cómo nos sentimos.

Lo que hago con esta situación intento hacerlo siempre… Al fin y al cabo la educación emocional en mi casa es fundamental… Puede que no esté muy ordenada pero las emociones las intentamos conocer, manejar, nombrar y validar. Es fundamental para el futuro de ms hijos que sean inteligentes a nivel emocional.

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¿A tus peques les ocurre algo parecido? ¿Se sienten mal por algo? Y tú ¿qué haces?

Un abrazo,

Amaia