Si has asistido a alguno de mis talleres, sabrás que en muchos de ellos, sino en todos, comienzo con la definición de la palabra a tratar. Puede ser la definición de la palabra “rabieta” o de la palabra “emoción” o “celos”.

Para aprender sobre algo, lo primero que hay que hacer es entender qué significa, incluso ver varias definiciones de distintos lugares. Es fundamental comprender algo sobre los que se va a aprender más.

El lenguaje es fundamental y el uso de éste de manera adecuada también.

Mis talleres se basan en enseñar mucha información específica con un vocabulario más o menos técnico, a familias que no tienen porqué ser conocedores de ese vocabulario. Así que hago una transformación del contenido para que todo el mundo (ingenieras, abogados, publicistas, etc.) comprenda qué les pasa a sus hijos y por qué.

¿Y? Te preguntarás. Pues todo esto es solo para decirte que, por favor, huyas de los profesionales que no usan adecuadamente el lenguaje.

Puedes venir a mis talleres o no, puedes ir talleres y seminarios de otra educadora o psicopedagoga. Lo que quieras.

Pero, aquí y ahora, te digo que huyas de cualquier profesional que diga “PSICOMOTRICIDAD FINA” O “PSICOMOTRICIDAD GRUESA”

¿POR QUÉ?
Pues porque con esas palabras mal usadas me está dando a entender que no sabe de lo que está hablando y que solo ha cogido palabras de moda como psicomotridad o motricidad (fina o gruesa) para captar clientes, pero que, realmente, no sabe de lo que habla.

Te explico:

Entendemos psicomotricidad como la relación que hay entre el desarrollo cognitivo, sensorial, emocional, etc. de un individuo y sus habilidad motrices (es decir, las habilidades que tiene en el manejo y control de su propio cuerpo). Es decir, la psicomotirdad es algo en sí misma y engloba todo el cuerpo y su relación con la psique.

Por lo tanto, el concepto de psicomotridad fina no existe. Existe la motridad fina: coordinación de los movimientos musculares de zonas de nuestro cuerpo “pequeñas” como por ejemplo, las manos.

Un niño trabaja y desarrolla de manera adecuada la motricidad fina, por ejemplo, pegando pegatinas o jugando a la plastilina.

 

 

Y existe la motricidad gruesa: que es la capacidad de mover los músculos de el cuerpo de manera óptima y adecuada. Ejemplo de trabajo de motricidad gruesa es correr, por ejemplo.

¿Me he explicado bien? ¡Espero que sí!

Psicomotridad, motricidad fina y motricidad gruesa son cosas diferentes que se trabajan y se estudian, muchas veces, de manera conjunta pero no se pueden mezclar.

Si alguien te dice “psicomotridad fina” no tiene mucha idea de lo que estamos´hablando, o, lo que es peor, se las está dando de profesional y de entendido, y no lo es.

Así que ¡corre!, ¡huye!.

Hay un millón de buenos profesionales y espero haberte ayudado a encontrar los buenos y huir de aquellos que venden humo.

Y tú ¿has encontrado algún profesional que no es tal en tu sector? ¡Cuéntame!

Recuerda que puedes tener conmigo una Asesoría Educativa y Psicopedagógica On Line si tienes dudas o preguntas sobre la crianza y educación de tus hijos.

Además puedes comprar los talleres en video: “Rabietas. Un nUevo enfoque” y “Educación Emocional en el hogar” por un precio maravilloso y para ver cuando y donde quieras. ¡¡Comprar ahora!!

Un abrazo,

Amaia

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